sábado, 30 de junio de 2012

un día de bosques


- qué maravilla. 
decía y dejaba de golpe el vaso de vino tinto sobre la mesa. - qué maravilla. repetía.
tres árboles mirándolo directamente de frente, sin parpadear ellos, lo miraban reír.
- vaya creyente, decía uno, vaya buena ventura, sé cree valiente el buen señor - decía a los otros sin parpadear.
el buen mozo aún en la mesa, aún sin sujetar de nuevo el vaso. tomó un cigarrillo de su bolsillo, lo encendió para nada, porque antes el humo era aquél viento contaminado de ayeres que se iba, pero hoy no, hoy 30 de junio de un año que podría ser recordado algún día, con sus nietos, con sus amigos que aún vivan. ¡vaya! Qué señor tan elegante que fuma esperando a su amada...
Aquellos árboles, llenos de años, sabios según la naturaleza y las creencias de antepasados, que no creían en el amor - y no digo que todos los árboles no tengan razón del amor, uno que otro podrían ser creer en él fielmente.

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