miércoles, 4 de abril de 2012

De esas cosas que se abren.


ay, aquellos tiempos. todo parecía naturalmente destinado a salir bien.
habían dos cosas que me preocupaban de más: ella y ella.
y no es que este hablando de dos personas, eran la misma, pero tenía dos caracteres.
por un lado era la tierna y sensible, y por el otro era un bruja que podía sacarte lo ojos.
y bien, eso nunca fue un impedimento para mí. yo ahí estuve, conviví con las dos, casi al mismo tiempo, era impactante cuando su ternura y sensualidad invadían mi tiempo, me quedaba estático, era todo lo que amaba, sus manos tibias en mis mejillas, sus labios tensos pero suaves, toda ella ahí conmigo. Aunque no hiciéramos particularmente nada, era hermosamente tierna la escena de película que vivíamos. Ella sobre mi pecho, en la puerta, mirando el cielo. Eran tardes que uno no quisiesen que acabarán. ¿qué más podías pedir? Era tu mujer, sonriendo o seria, o distante y pensativa, era tu mujer ilusionada, sin pedir nada sólo una abrazo más para esa tarde, que importaban las circunstancias, era tu mujer."
"Y otros días donde parecía tensa, insegura. Donde a la primera provocación explotaba y me pedía que me fuera o simplemente se quedaba callada. Yo podía sobrevivir a eso. Varías veces lloré, sí, pero ¿quién no sobreviviría a eso por su mujer? Esos días eran grises, marcados con plumón negro. Ella sintió que era demasiado de esto - quizás yo estaba ciego, pues no lo sentía así - un día me arrebató sus cosas, y se fue."

"Pero bueno, que tiempos aquellos..."
"Me encantaba esa mujer.
Con todo y problemas, con derivas, con faltas, con insultos, aunque no me amará como tanto lo decía... aunque se aburrió, aunque se cansó de mis fantasías..."
"Me encantaba."

-¿por qué sigues hablando de ella? Ya pasó, hace unos meses que se fue...

-lo sé, lo sé amigo. Lo sé. Pero ellos la atraen, la vuelven a sacar. Los lugares, la música, todo es tan tonto e ilógico que me recuerda a ella y al amor que teníamos.

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