sábado, 10 de marzo de 2012
El ventanal azul, fotografías.
El ventanal azul que bordea mi vista, desabrido, con telarañas, casi caído. Siempre estuvo ahí desde antes de que te fueras, y esta es una de las pocas fotos donde no salía nada bueno de ti. Mi mirada se a inundado de tristeza, al no verte ahí, inmóvil, tal vez suspirando, tal vez riendo, tan sólo disfrutando del lindo aire. Me inunde interiormente sin saber que tendría que recordarte como lo que eras, como lo que fuiste, y como lo que siempre te vi. Estoy tomando el álbum que un día clasifiqué como prohibido, y me suicido mentalmente, estás en todos lados aunque no estés físicamente ahí. Una taza de café, un cuaderno rosa, un peluche azul, un cristal roto, una manzana, el ventana azul, la puerta alta, tus pantuflas, y esa cama. Todas esas fotos son tuyas: El primer abrazo en la playa, el beso en invierno y de vacaciones en Canadá, el paseo cotidiano de la mano por las calles de venecía, todos esos días que sobre mi pecho descansabas, cuando en lo azul de las mañana, tierna y sensible, en mis labios te invocabas, y existías, y existíamos, y me amabas y te amaba. Así de sencillo era el mundo contigo, con tus fotos, con tus locuras, con tu risa, con tus ojos verdes, tu piel lisa, tu cabello negro, tus gestos. Todo era tan factible, emocionante. Incluso era valiente dentro de tus ojos verdes. ¿Cuántas tardes no navegué por tus fuentes, por tus azules? o ¿cuántas tardes creíste que esos bosques, esos personajes de cuento no existían, un duende, un conejo hablante, un unicornio azul, las hadas; y cuándo los encontraste en mis brazos, y los fotografiabas? Eras tu la que sonreías, eras tu la que no paraba de hablar, la que saltaba y se exaltaba todo en un mismo compás.¿Lo recordarás? Si ese ventanal azul no se hubiera roto mientras jugabas intentando hacer "slam" tu sola, y empujaste un mueble y éste lo estrello. Si hubieses visto tu rostro de miedo, después a tranquilidad, después una risa incontrolable, y te abrazaba, te sobaba tu golpe. Y volviste a intentar empujarme, recuerdo como reías por horas viéndome contar un chiste, o alguna anécdota de tiempo anteriores, de mi niñez. Y yo te observaba por horas, y aunque pasamos tantos años juntos, aún seguías pidiendo que no te mirará así, te daban nervios. ¿Cómo olvidar esos desayunos? Esas caras que hacías cuando probabas mi comida, mis postres, mis bebidas. ¿Cómo olvidar que te quiero, que conocerte fue lo mejor que pudo haberme sucedido? Y ese ventanal azul que aún conservo es el recuerdo más valiente que ha permanecido vivo. Porque amé el día que lo fotografiaste, porque te veías tan hermosa, porque me abrazaste como ningún otro día. Ojos verdes que me miras en lo oscuro, créeme, daría todo porque te quedarás, como en esa otra vida, de nuevo.
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